En México, niñas de hasta 10 años de edad siguen teniendo hijos producto de violaciones, aún cuando las autoridades de Salud tienen el mandato de garantizarles el acceso a la Interrupción Legal del Embarazo (ILE).

Según cifras del Subsistema de Información sobre Nacimientos (SINAC), durante 2018 se registraron en todo el país casos de 50 niñas de sólo 10 años de edad que dieron a luz, y un total de 10,298 de entre 11 y 14 años que también tuvieron que convertirse en mamás.

Esos casos, según expertas, prueban que las autoridades de Salud están fallando en aplicar la Norma 046 y la Ley General de Víctimas, que establecen que las víctimas de violencia sexual deben recibir la Interrupción Legal del Embarazo.

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De acuerdo con Rebeca Lorea, abogada del Grupo de Información en Reproducción Elegida (Gire), todos esos casos de niñas embarazadas deben considerarse violaciones, porque a esas edades no se puede afirmar que hubo consentimiento.

“Asumimos que son embarazos producto de violencia sexual. Entonces, una primera conclusión que podemos sacar de estos partos es que no se les dio acceso a estos derechos que están reconocidos”, explicó.

Durante este año se registró el caso de Jimena, una niña de 11 años que vive en Xalapa, Veracruz, que fue víctima de violación y quedó embarazada. Su madre denunció los hechos ante la Fiscalía General del Estado (FGE) el pasado 13 de junio.

Es un caso que ilustra las cifras reveladas por el SINAC, que depende de la Dirección General de Información en Salud, de la Secretaría de Salud federal.

De acuerdo con la organización Equifonía, que asumió la defensa legal de la niña, la Fiscalía veracruzana cumplió con girar oficios a la Secretaría de Salud solicitando el cumplimiento de la Norma, y la aplicación de la Interrupción Legal del Embarazo en un plazo de 24 horas.

Sin embargo, la Secretaría de Salud decidió no practicar la ILE porque el desarrollo del embarazo superaba los 90 días que establece el Código Penal de Veracruz. Jimena cursaba ya el segundo trimestre.

Araceli González, directora de esa organización, indicó que el hospital pudo haberse acogido al mismo Código Penal de Veracruz, y a la Ley General de Víctimas para aplicar la ILE por tratarse de un embarazo de alto riesgo, como se considera a cualquier embarazo de menores de 14 años.

“Consultamos con médicos expertos y había evidencia suficiente para establecer el riesgo de muerte para la niña. Y en el Código Penal el riesgo de muerte no tiene una temporalidad”, explicó González.

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Adriana Fuentes, abogada de Equifonía, contó que el hospital se sostuvo en que no podían aplicar la ILE, pero dejaron “la puerta abierta” para que buscaran atención en otro lugar. Es decir, reconocían el riesgo para la niña, pero en definitiva no podían asumir la atención que solicitaron ella, su madre, su representación legal y la Fiscalía.

“En lugar de hacer la canalización por la causal del riesgo de muerte, expresaron que no la podían atender, pero que atendiendo el principio de salud, sugerían que la familia la llevara a revaloración donde sí se permitiera, es decir, en la Ciudad de México”, afirmó la abogada.

Fue así como la madre de la niña desistió de buscar atención médica para la aplicación de la ILE, y decidió que continuara la gestación. “Ahora está continuando con su embarazo producto de un delito cometido en su contra”, lamentó Fuentes.

Equifonía espera que el Estado vigile que la niña tenga el mejor acceso a la salud posible para enfrentar lo que le queda de gestación, y el nacimiento del bebé. “Es más riesgoso llegar al parto que tener un aborto en las condiciones en las que ella estaba”, insistió Fuentes.

La Norma 046 garantiza el acceso a la ILE a las mujeres que las soliciten, y si ya tienen 12 años basta con que presenten un escrito solicitando el servicio. Pero esa norma también prevé la figura de “objetor de conciencia”, a la cual pueden acogerse los doctores que no quieran participar en una interrupción de embarazo. En el hospital donde fue llevada la niña atendida por Equifonía sólo hay un médico no objetor de conciencia, según González.

No obstante, la misma norma establece que “las instituciones públicas de atención médica deberán contar con médicos y enfermeras capacitados no objetores de conciencia” y especifica que si al momento de solicitar la atención “no se pudiera prestar el servicio de manera oportuna y adecuada, se deberá referir de inmediato a la usuaria a una unidad de salud que cuente con este tipo de personal y con infraestructura de atención con calidad”.

La abogada de GIRE considera que lo que ocurre en Veracruz está generalizado en el resto del país. Esa organización realiza monitoreos constantes a la aplicación de la Norma 046, y ha encontrado opacidad en las respuestas de las dependencias estatales.

“Preguntamos a todas las secretarías de salud cuántos abortos por violación en aplicación de la Nom 046 han aplicado, y muchas secretarías no nos contestan”, contó Rebeca Lorea.

En su informe de 2018 La pieza faltante, justicia reproductiva, GIRE documentó que hay dos obstáculos que enfrentan las mujeres para que el sistema de Salud les cumpla sus derechos: por un lado, el desconocimiento de las leyes vigentes, y por otro, los prejuicios del personal de salud.

De 2012 a septiembre de 2018, GIRE acompañó 38 casos en donde hubo negación de servicios de aborto seguro, de los cuales 26 eran de menores de edad que fueron violentadas sexualmente como Jimena.

Veracruz y el Estado de México son las entidades con más partos de niñas de 10 años en 2018, con seis casos cada uno. Después están Coahuila y Puebla, con cuatro.

Durante ese mismo periodo el Estado de México encabeza la lista de partos de niñas menores de 14 años con 1,053 casos, le siguen Veracruz con 802, Puebla con 708, Chiapas con 583, Guanajuato con 543 y Michoacán con 503.

De acuerdo con el informe de GIRE, las mujeres en México “no tienen las condiciones que les permitan decidir sobre su vida reproductiva”. El docuemnto advierte que esto sucede porque un elevado número de niñas y adolescentes “viven afectadas por un contexto grave de violencia sexual”, y a ello se suman las “fallas estructurales del sistema de salud”.

Para la mayoría de las personas que se infectan con el nuevo coronavirus, la covid-19 es una enfermedad breve y leve, pero algunas experimentan síntomas que incluyen fatiga duradera, dolor persistente y falta de aliento durante meses.

La condición, conocida como covid crónica, está afectando negativamente la vida de muchas personas y las historias de agotamiento, incluso después de una caminata corta, se han vuelto bastante comunes.

Aunque en medio de la pandemia la atención se ha centrado en salvar vidas, hay cada vez una mayor conciencia de las consecuencias de la enfermedad a largo plazo.

Sin embargo, incluso las preguntas básicas —como por qué algunos desarrollan la variante crónica o si se recuperarán del todo en algún momento— están plagadas de incertidumbre.

No existe una definición médica ni una lista de síntomas comunes a todos los pacientes: dos personas con covid-19 crónica pueden tener experiencias muy diferentes.

Sin embargo, la característica más común es la fatiga paralizante.

Otros síntomas incluyen la dificultad para respirar, una tos que no desaparece, dolor en las articulaciones y musculares, problemas de audición y vista, dolores de cabeza, pérdida del olfato y del gusto, así como daños en el corazón, los pulmones, los riñones y el intestino.

También se han reportado problemas de salud mental como depresión, ansiedad y dificultad para pensar con claridad entre los que la padecen.

La afección puede llegar a destruir por completo la calidad de vida de las personas.

“Mi fatiga no se parecía a nada que hubiera experimentado antes”, contó una persona afectada por la misma, Jade Gray.

La covid-19 crónica no implica solo una larga recuperación para alguien que haya pasado un periodo en cuidados intensivos por el coronavirus.

Incluso personas con infecciones relativamente leves de covid-19 pueden sufrir problemas de salud graves y duraderos.

“No tenemos ninguna duda de que existe la covid-19 crónica”, le dijo a la BBC el profesor David Strain, quien ya lleva tiempo atendiendo a pacientes con ese perfil en la clínica de Síndrome de Fatiga Crónica de la Universidad de Exeter.

Un estudio publicado en la revista especializada Journal of the American Medical Association siguió los casos de 143 pacientes con covid-19 atendidos en el hospital más grande de Roma después de que fueran dados de alta.

Y concluyó que el 87% sufría al menos un síntoma casi dos meses después y más de la mitad todavía tenía fatiga.

Sin embargo, estos estudios se centran solo en una minoría de los que contraen covid-19: en aquellos que acaban necesitando tratamiento hospitalario.

Mientras, con la información recabada con la aplicación Covid Symptom Tracker, utilizada por alrededor de cuatro millones de personas en Reino Unido, se descubrió que el 12% de las personas aún presentaban síntomas después de 30 días.

Y sus datos más recientes, aún no publicados, sugieren que un 2% de todas las personas infectadas (dos de cada 50) tienen síntomas de covid-19 crónica después de 90 días.

Aparentemente no.

Un estudio realizado en Dublín encontró que la mitad de las personas a las que se les dio seguimiento todavía experimentaban fatiga 10 semanas después de haber sido infectadas con coronavirus. Un tercio no pudo regresar al trabajo.

Y los médicos no encontraron ningún vínculo entre la fatiga y la gravedad de la infección.

Sin embargo, el agotamiento extremo es solo un síntoma de la covid-19 crónica.

El profesor Chris Brightling, de la Universidad de Leicester e investigador principal del proyecto PHOSP-Covid, que realiza un seguimiento de la recuperación de las personas, cree que las personas que desarrollaron neumonía pueden tener más problemas debido al daño en los pulmones.

Hay muchas ideas, pero no hay respuestas definitivas.

Una posibilidad es que el virus se haya eliminado de la mayor parte del cuerpo pero se mantenga en pequeños focos.

“Si hay diarrea prolongada, el virus se encuentra en el intestino, si hay pérdida del olfato, es en los nervios, y eso es lo que podría estar causando el problema”, dice el profesor Tim Spector, del King’s College de Londres.

El coronavirus también puede infectar directamente una amplia variedad de células en el cuerpo y desencadenar una respuesta inmune hiperactiva que cause daño en todo el cuerpo.

Otra posibilidad es que el sistema inmunológico no vuelva a la normalidad después de la covid-19 y esto sea la causa de los problemas de salud.

La infección también puede alterar el funcionamiento de los órganos. Esto se hace obvio en el caso de los pumones, cuando cicatrizan. Se han observado problemas a largo plazo después de la infección con SARS o MERS, que también son producidos por coronavirus.

Asimismo, la covid-19 puede modificar el metabolismo: ha habido casos de personas que luchan por controlar sus niveles de azúcar en sangre después de desarrollar diabetes como resultado de la covid-19, y el SARS provocó cambios en la forma en que el cuerpo procesa las grasas durante al menos 12 años.

También hay indicios de cambios en la estructura del cerebro, pero aún se están investigando.

Y la covid-19 también hace cosas extrañas en la sangre, incluyendo una coagulación anormal, y daña la red de venas y arterias.

“La teoría en la que estoy trabajando es un envejecimiento prematuro de los pequeños vasos sanguíneos que transportan oxígeno y nutrientes a los tejidos”, le dijo el profesor Strain a la BBC.

Y, como destaca Strain, hasta que no averigüemos qué está causando la covid-19 crónica “será difícil encontrar los tratamientos“.

La fatiga y la tos posviral están bien documentadas y son comunes; probablemente todos hemos tenido una infección de la que nos ha tomado años recuperarnos por completo.

Aproximadamente una de cada 10 personas con fiebre glandular tiene fatiga que dura meses.

E incluso ha habido sugerencias de que la gripe, particularmente después de la pandemia de 1918, puede estar relacionada con síntomas similares al Parkinson.

“Con la covid-19 parece haber síntomas de mayor alcance y el número de personas parece ser mucho mayor”, dice sin embargo el profesor Brightling.

Sin embargo, el énfasis está en la palabra “parece”, ya que hasta que tengamos una imagen real de cuántas personas han sido infectadas no sabremos exactamente qué tan comunes son estos síntomas, destaca.

“La forma singular en la que el virus ataca al huésped y las diferentes formas en las que luego altera la forma en que se comportan las células parecen estar dando a las personas una infección más grave que otros virus y síntomas más persistentes”, le dijo a la BBC.

El número de personas con Covid crónico parece estar disminuyendo con el tiempo.

Sin embargo, el virus surgió solo a fines de 2019 antes de globalizarse a principios de este año, por lo que faltan datos a largo plazo.

“Hemos pedido, deliberadamente, seguir a las personas durante 25 años. Ciertamente espero que sólo un número muy pequeño tenga problemas más allá de un año, pero podría estar equivocado”, dijo el profesor Brightling.

También existe la preocupación de que incluso si las personas parecen recuperarse ahora, podrían enfrentar riesgos de por vida.

Las personas que han tenido el síndrome de fatiga crónica tienen más probabilidades de volver a tenerlo y la preocupación es que futuras infecciones puedan causar más brotes.

“Si el Covid sigue el mismo patrón durante mucho tiempo, esperaría algo de recuperación, pero si solo se necesita otra infección de coronavirus para reaccionar, esto podría pasar cada invierno“, dijo el profesor Strain.

Y todavía es posible que surjan más problemas en el futuro: la Organización Mundial de la Salud advirtió que la inflamación generalizada causada por el coronavirus podría provocar que las personas tengan problemas cardíacos a una edad mucho más temprana.

El sistema de salud pública de Reino Unido, NHS, ofrece una serie de consejos para las personas afectadas por Covid-19, especialmente las que requirieron atención hospitalaria.

Concretamente recomienda“tres P” para conservar energía:

También aconseja hablar con el hospital o con el médico de cabecera si uno no se está recuperando tan rápidamente como cabría esperar.

Pero tanto en Reino Unido como en otras partes del mundo algunos han expresado su preocupación de que no hay suficiente apoyo para las personas con Covid crónico.

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