En México, el tiempo que otorga la ley como permiso de paternidad es insuficiente, y solicitar más al patrón significa una merma en los ingresos de las familias, señalan padres y especialistas.

Mientras que la ley mexicana da a los padres 5 días con goce de sueldo, en países como Uruguay la madre y el padre pueden pedir permisos alternados hasta que el bebé cumple 6 meses. En otros países la licencia es de hasta 8 semanas.

Las pocas ventajas que esta prestación laboral tiene para los nuevos padres se ven reflejadas en los pocos permisos que se piden.

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Según datos oficiales – obtenidos por el Instituto Early a través de solicitudes de información – de los hospitales que brindan seguridad social en 2018 se otorgaron 279 mil 999 licencias por maternidad y tan solo 8 mil 170 por paternidad.

Las más afectadas por esto son las mujeres, quienes asumen prácticamente solas el cuidado diario de los hijos durante sus primeros meses de vida.

Arturo, quien se convirtió en padre en 2018, opinó que aunque podría pensarse que esta situación pone en desventaja a los hombres, son las mujeres quienes más padecen la ausencia del padre por el apoyo que necesitan tras el nacimiento del bebé.

“Yo tenía un bebé recién nacido y una mujer con cirugía en casa y solo estuve ahí un mes, que no fue suficiente para apoyarla en su recuperación”, relata.

En entrevista para Animal Político, Arturo explicó que consiguió ese mes gracias a que labora en una empresa multinacional e internamente tienen derecho a 15 días, aunado a un trato que hizo con anticipación con su jefa pidiendo vacaciones y unos días más de trabajo en casa.

Pero el mes de licencia fue insuficiente. Verónica, su esposa, fue sometida a cesárea y cuando el mes de permiso de Arturo terminó, ella aún no estaba bien.  

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“No fue tiempo suficiente, porque un recién nacido requiere mucha atención y un mes es muy poco (…) cuando acabó mi licencia, ella aún no se podía mover ni agachar bien, la cesárea es un procedimiento que las incapacita (…) creo que lo correcto sería una licencia de tres meses”, refiere.

Verónica superó el resto de su recuperación con apoyo de su madre y su hermana.

A pesar del poco tiempo que estuvo en casa, Arturo se siente privilegiado por haber conseguido esta licencia porque sabe que otras empresas otorgan aún menos días.

La Ley Federal del Trabajo, en su artículo 132 fracción XXVII, establece que el patrón tiene obligación de “otorgar permiso de paternidad de cinco días laborables con goce de sueldo, a los hombres trabajadores, por el nacimiento de sus hijos y de igual manera en el caso de la adopción de un infante”. Para que puedan acceder a esta prestación deben realizar el trámite correspondiente en su empresa.

En el caso de las mujeres, el artículo 170 estipula que “disfrutarán de un descanso de seis semanas anteriores y seis posteriores al parto” con goce de sueldo y a solicitud de la trabajadora, quien debe presentar el comprobante médico de la institución de seguridad social que le corresponda y cumplir con los trámites que pida su empresa.

Además, la mujer podrá transferir hasta cuatro de las seis semanas previas para después del parto. Es decir, las mujeres pueden tener hasta 10 semanas de permiso en comparación a los 5 días de los padres.

A través de solicitudes de información, el Instituto Early, grupo autónomo que analiza políticas para el bienestar de los menores, pidió a las dependencias de seguridad social las cifras de permisos por paternidad y maternidad solicitados en 2018 encontrando lo siguiente:

El IMSS otorgó 231 mil 168 permisos por maternidad y desconoce el número de derechohabientes que solicitaron permisos por paternidad; el ISSSTE dio 46 mil 82 licencias de maternidad en 2018 y únicamente 380 licencias de paternidad, de 2015 a marzo de 2019. Este último dato corresponde solo de trabajadores de la misma dependencia y no a derechohabientes.

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En la seguridad social de la Semar, Sedena y Pemex ocurre lo contrario. La Semar dio 867 permisos por paternidad y 357 de maternidad; la Sedena 4 mil 947 por 947 de maternidad, y Pemex mil 976 permisos para padres y mil 445 a hombres. Esto tiene que ver con el hecho de que en sus plantillas predominan los hombres.

Rebeca Ramos, coordinadora de incidencia pública del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), dice que con este tipo de legislación, el gobierno solo perpetúa la idea de que son las mujeres las principales responsables del cuidado de los hijos.

En entrevista, la especialista considera que la licencia paterna debería ampliarse al menos de 6 a 8 semanas para que exista una verdadera corresponsabilidad entre hombres y mujeres.

“Este tipo de leyes, además de perjudicar a las mujeres en el plano maternal acaban siendo un freno para que las empresas no las coloquen en puestos importantes por las largas ausencias que éstas podrían tener”, agrega la especialista.

Señala que la ausencia del padre luego de algunos días perjudica más a las madres quienes se llevan una “doble carga, una por la recuperación del parto o cesárea y la otra por cuidar al recién nacido”.

Además de estas desventajas, Ramos resalta el hecho de que el IMSS no otorga subsidios para licencia de paternidad, por lo que el trabajador tiene que negociar o aceptar las condiciones de sueldo que la empresa tenga establecida para estos casos.

En México cada dependencia de seguridad social maneja diversos términos. Los trabajadores que están afiliados al IMSS pueden recibir de 5 hasta 15 días como en el caso de Arturo, por parte de su empresa y no reciben ningún subsidio adicional del IMSS. Hay quien puede negociar más días pero sin goce de sueldo.

En el caso del ISSSTE, los hospitales de la Secretaría de Marina, Defensa Nacional y Pemex, las licencias por paternidad sí son negociadas con la seguridad social.

Lizbeth Santillán vivió sola las semanas de convalecencia porque su esposo no pudo solicitar la licencia de paternidad ya que afectaría sus ingresos.

Explica que pedir más días de licencia significa un ingreso menor y tras el nacimiento de un hijo es cuando más se necesita el dinero.

“El hecho de que solo sean cinco días y el resto se tengan que negociar con un sueldo inferior o de plano sin un pago detiene a los hombres para pedir el permiso, porque no se pueden dar el lujo de perder dinero justo en esos días”, agrega.

Rebeca Ramos coincide con ella, “en el momento en que nacen los hijos es cuando los padres más necesitan el dinero y si el tener más días te va a condicionar a aceptar un trato que no te convenga económicamente, mejor no lo tomas”.  

La especialista agrega que en GIRE han analizado algunas de las opciones brindadas por empresas extranjeras para los permisos paternales y propuesto que sean aplicadas en México, “aunque este es un tema que debería abordarse desde el Congreso y llegar a las 6 u 8 semanas de licencia, solo así se logrará una igualdad de género en el tema”.

 

El argumento generalizado de parte de las autoridades sanitarias y gobernantes por todo el mundo que recomiendan y/o imponen el uso de mascarillas es que evitan que las personas infectadas propaguen el coronavirus.

Pero un nuevo estudio concluyó, tras examinar varios casos, que usar mascarillas reduce la carga viral a la que estaríamos expuestos y, de contagiarnos, la manifestación de la enfermedad sería más leve o inclusive asintomática.

La investigación realizada en Estados Unidos por los doctores Monica Gandhi y Eric Goosby, de la Universidad de California, y el doctor Chris Beyrer, de la Universidad Johns Hopkins, resalta que la exposición al coronavirus sin consecuencias severas debido al uso de mascarillas podría generar una inmunidad a nivel comunitario y reducir la propagación mientras se desarrolla una vacuna contra el virus.

En vista del rechazo al uso de mascarillas de algunos grupos y personas, el beneficio al individuo (además de a otros) que porta el tapabocas sugerido por el estudio podría ser un incentivo más para su uso y convertirse en un pilar del control de la pandemia.

El estudio fue publicado en la revista especializada Journal of General Internal Medicine.

Los doctores Gandhi, Goosby y Beyrer respaldan su teoría -como la llaman- comparando la evidencia de múltiples situaciones en las que grupos usaron o dejaron de usar mascarillas y la relación que eso tiene con la carga viral y los crecientes índices de infecciones leves o asintomáticas.

La infección asintomática puede ser problemática porque promueve la propagación del virus por personas que están contagiadas sin que lo sepan, pero al mismo tiempo ser asintomático en lugar de estar gravemente enfermo es beneficioso para el individuo, indican.

Además, los índices más altos de infección asintomática conducen a índices más altos de exposición al virus. El exponer a una sociedad a este coronavirus sin las consecuencias de una enfermedad grave podría crear mayores niveles de inmunidad comunitaria, la llamada inmunidad de rebaño.

Los investigadores reconocen que la respuesta inmunológica de anticuerpos y células T a las diferentes manifestaciones de covid-19 todavía está siendo analizada, pero las señales basadas en los datos del desarrollo de esa inmunidad celular, aun con una infección leve, son esperanzadoras.

La perspectiva que los portadores de mascarillas están expuestos a una carga viral menor que resulta en una infección más leve está sustentada en el estudio de tres importantes cúmulos de evidencia: virológica, epidemiológica y ecológica.

Con respecto a la primera, las mascarillas -dependiendo del diseño y material- filtran la mayoría de las partículas virales, aunque no todas. Desde hace un tiempo se ha propuesto que la exposición de ese bajo nivel de partículas virales probablemente producen una enfermedad que es menos severa.

Los resultados de experimentos realizados en el pasado con humanos expuestos a diferentes volúmenes de virus no letales demostraron síntomas más severos en sujetos que recibieron una carga viral mayor.

Con el nuevo coronavirus la experimentación no es posible ni ética, pero unas pruebas realizadas a hámsteres en las que se simuló el uso de mascarillas separando a los animales con una pared divisoria hecha de una máscara quirúrgica, no sólo demostraron que los hámsteres protegidos fueron menos propensos a la infección, sino que los que, entre esos, se contagiaron de covid-19 manifestaron síntomas leves.

En términos de la evidencia epidemiológica, los doctores indican que los altos índices de mortalidad que se vieron al inicio de la pandemia parecen estar asociados a la intensa exposición a la alta carga viral antes de que se introdujera el uso de mascarillas.

Un caso reciente en particular llama la atención: el de un crucero en Argentina donde todos los pasajeros y tripulantes fueron dotados de mascarillas tras detectarse un brote de covid-19.

En ese entorno cerrado, 128 de las 217 personas abordo dieron positivo en la prueba de coronavirus. Sin embargo, la mayoría de los infectados (81%) se mantuvo asintomática.

Como evidencia ecológica, la investigación indica que los países y regiones que de por sí acostumbran a usar mascarillas para el control de infecciones, como Japón, Hong Kong, Taiwán, Singapur, Tailandia y Corea del Sur, no han sufrido tanto en cuanto índices de la severidad de la enfermedad y la mortalidad.

Igualmente ha sucedido con los países que aplicaron tempranamente la medida del uso de mascarillas.

Es más, aun cuando los mencionados países registraron un resurgimiento de casos de covid-19 al reanudar la actividad social y económica, las tasas de mortalidad se ha mantenido baja, sustentando la teoría de la carga viral, afirman los autores del estudio.

En conclusión, los doctores alegan que el uso universal de mascarillas durante la pandemia debería ser uno de los fundamentos más importantes en el control de la enfermedad y abogan que esta medida se tome en particular en Estados Unidos, donde las directivas no han sido homogéneas y parte de la población ha reaccionado hasta violentamente contra el uso de mascarillas.

Resaltan que durante la devastadora pandemia de gripe en 1918, los estadounidenses adoptaron sin contratiempos el uso de las mascarillas en público, pero la respuesta a las actuales recomendaciones de los Centros de Control de Enfermedades (CDC) ha sido dispareja.

El uso de mascarillas tiene dos ventajas. La primera es proteger a los demás evitando la propagación del virus por una persona infectada. Si esa preocupación por el prójimo no es suficiente, tal vez la segunda ventaja -el beneficio individual- sea una motivación más eficaz.

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