La acelerada pérdida de especies que vivimos en la actualidad ha sido denominada por algunos científicos como la “sexta extinción masiva”, es decir, un evento catastrófico que sólo ha ocurrido en 5 oportunidades previas durante los 3 mil 600 millones de años que la vida tiene sobre nuestro planeta. Un problema que nos exige actuar ahora, pues toda actividad humana depende directa o indirectamente de esta biodiversidad.

Para evitar esta pérdida biológica resulta fundamental conservar porciones de tierra y mar con ecosistemas únicos y representativos que permitan preservar especies, interacciones y procesos evolutivos.

En el caso particular de las áreas marinas, éstas han demostrado detener la degradación de los ecosistemas, pero también ser aliadas en la lucha contra el cambio climático. De hecho, el 23% de los mares mexicanos forman parte de un área marina protegida (AMP), pero decretar áreas de conservación no es suficiente por sí mismas. También debemos garantizar su manejo efectivo y equitativo y a su vez deben estar conectadas e integradas.

Proteger de manera efectiva las AMPs significa conservar los hábitats de las especies, y por ende su protección no deben ser vista como un gasto por los gobiernos, sino como una inversión a largo plazo de la que podemos disfrutar democráticamente todos y todas.

Los gobiernos deben dirigir la protección hacia los hábitats marinos antes de que sea tarde para garantizar la protección de la biodiversidad y del clima (Roberts et al. 2017).

Proteger los sitios de alta biodiversidad marina produce beneficios que son mayores que protegiendo aquellos que se centran en áreas con baja biodiversidad o que áreas que han experimentado un alto impacto humano y degradación (Brander et al. 2020) por lo tanto debemos actuar ya, antes que sea tarde.

Algunas de nuestras áreas naturales deben ser protegidas de manera efectiva ya, no después, cuando el daño sea irremediable.

Científicamente sabemos que las áreas marinas protegidas generan una mayor cantidad de recursos del mar, lo que favorece a los sectores de la pesca ribereña, al turismo, el sector restaurantero, entre otros, todos nos beneficiamos de un ecosistema más saludable.

Esto significa que, a mayor superficie de mar protegido habrá mayores abundancias para alimentar a una población en constante aumento a nivel mundial (Sala et al. 2016). Por lo tanto, las AMPs no sólo ayudan a la conservación de especies, también los más de 2 millones de personas que en México viven directa e indirectamente de la actividad pesquera.

La evidencia nos muestra que alrededor de las AMPs existe una mayor cantidad de embarcaciones pescando, estas áreas sirven como bancos de producción de peces (y otros recursos) generando un efecto de “derrama” hacia áreas que no necesariamente están protegidas.

Este efecto de derramamiento se produce porque aquí la mortandad por pesca es cero, y por lo tanto es una señal de que proteger y pescar son actividades que van de la mano (Boerder et al. 2017). Y por ende la regulación de la conservación y de la pesca deben estar coordinadas.

Las áreas marinas protegidas funcionan para la conservación y la pesca, pero esto no sirve de nada si se aumenta constantemente el esfuerzo pesquero. El efecto de derrama podría resultar en una mayor cantidad de barcos aprovechando los recursos de un área, y si queremos mantener esta derrama de peces desde las áreas marinas protegidas se debe regular el esfuerzo pesquero alrededor de ellas. Esto con el fin de mantener saludable la abundancia, la actividad económica y la protección de la biodiversidad.

Dicha coordinación, en México, debe darse entre instituciones como la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la Comisión Nacional de Pesca (CONAPESCA) de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER). Esto es determinante para el futuro de la conservación de las especies y el mantenimiento saludable de la pesca como actividad económica.

Sin embargo, esto no siempre es así, ambas visiones parecen ir por caminos independientes y sin coordinación aparente. Es por ello que desde Oceana queremos empujar en México una visión donde la pesca y la conservación estén armoniosamente coordinadas. Debemos repensar el paradigma de la conservación desde la sustentabilidad de la pesca y otras actividades que se generan alrededor de las AMPs.

Proteger las especies para generar derrama económica sostenible, detener la crisis de la biodiversidad e incluso amortiguar los efectos del cambio climático, depende de las áreas marinas protegidas. Sólo una visión holística de la conservación nos permitirá seguir disfrutando de los beneficios de la biodiversidad.

* Miguel Rivas es el director de las campañas de hábitat en Oceana México. Es doctor en ciencias por el Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México y ferviente divulgador de la ciencia para la protección de los océanos y el medio ambiente.

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