Elvia, a quien llamaremos así para reservar su nombre real, tiene 9 años y está en quinto grado de primaria en Mérida, Yucatán. La menor de edad es una persona de talla baja con dificultades de movilidad. Vive con hipocondroplasia y genu varu: los huesos de su cuerpo que deberían ser largos son cortos y gruesos, además tienen fisuras; presenta también desviación de columna y cadera y sus piernas están arqueadas.

Si juega o corre, se cansa rápido y le duelen mucho los huesos. Elvia quiere jugar futbol y corretear con sus hermanos, pero no puede. Para evitar sentir dolor, aun con poca movilidad, debe tomar diario medicamentos como Ibuprofeno.

El personal médico que la acompaña le ha indicado que evite subir escaleras. Pero en la primaria donde estudia, en el centro de Mérida, decidieron colocar a su grupo en el segundo piso, al final del pasillo. Elvia siente dolores constantes en las rodillas cuando tiene que ir a su salón de clase.

La niña lleva ya un año así. En la escuela donde está, los grupos de primero, segundo y tercer grado están en la planta baja. Los grados superiores van arriba. Así ha sido desde hace años. En el ciclo escolar anterior, cuando pasó a cuarto, Elvia tuvo que empezar a subir escaleras.

“Parece que la actitud es que no van a mover grupos de niveles solo por mi hija”, dice su mamá, Mary.

Al director, Jorge Gamboa Escalante, le han presentado constancias médicas en las que se prueba la condición de Elvia y las recomendaciones sobre su caso, pero se ha negado a adoptar cualquier medida. Dice que “si Elvia puede caminar, puede subir escaleras”, denuncia la mamá.

La medida que se le ocurrió al director fue hacer que una compañera la ayude a subir, con el riesgo que eso implica para las dos. A Elvia le da pena que deban ayudarla y la medida solo provocó más discriminación. Ahora los demás alumnos se burlan de ella, la llaman: “la niña que hay que llevar al salón”.

“Hasta un profesor se estaba riendo el viernes pasado porque yo subí a la niña cargando”, cuenta Mary, quien es madre soltera de otros dos menores y trabaja como ayudante en una veterinaria.

La mamá de Elvia también acudió a la entidad encargada de apoyar el proceso de integración de alumnos y alumnas con necesidades especiales, la Unidad de Servicio de Apoyo a la Educación Regular (Usaer) adscrita a la escuela, pero la respuesta que recibió es que la niña podía tomar clases en un curso inferior con salón en el primer piso y después “se le validarían las calificaciones como si fueran de su curso”.

“Al decirle que curse un grado abajo y luego le validan el otro es como si hicieran una mera simulación de que ella está cursando los grados, como si al final no importará si los cursa o no”, dice Ángeles Cruz Rosel, experta en temas de personas con discapacidad y asesora jurídica de la menor.

Mary también denuncia que el director de la escuela le aseguró que la Secretaría de Educación del Estado de Yucatán (Segey) estaba enterada del caso y que lo respaldaba en su decisión de no mover al grupo de Elvia a la planta baja, aun cuando hay un espacio ocupado como salón de audiovisuales y juntas, donde los menores podrían tomar sus clases.

Cansada de las constantes negativas, comentarios discriminatorios y el dolor que le genera subir las escaleras todos los días, el 26 de septiembre Elvia presentó, con apoyo de su mamá, una demanda de amparo en contra de diversas autoridades educativas, entre ellas Usaer y Segey, por violar su derecho a la no discriminación por razón de discapacidad, en detrimento de sus derechos a la salud y a la educación.

 

Al admitir la demanda, registrada en el expediente 1305/2019, la juez cuarto de distrito en Yucatán ordenó a la Escuela Primaria “Rodolfo Menéndez de la Peña” adoptar “las medidas pertinentes para la salud” de Elvia, y así evitar que durante la tramitación del juicio tenga mayor afectación por subir y bajar las escaleras.

Jorge Gamboa Escalante recibió la notificación este viernes 27 de septiembre, justo durante una visita del alcalde Renán Becerra Concha, por ser este centro educativo parte del programa de escuelas seguras en el que se promueve la sana convivencia, el respeto y los valores de civilidad entre el alumnado.

“Todo eso parece otra simulación”, dice Mary.

Pero, ante la resolución de la jueza, a partir de este lunes 30 de septiembre, las autoridades educativas deben cumplir con la medida cautelar.

Cruz Rosel, explica que se demanda el derecho de Elvia a recibir los ajustes razonables necesarios para acceder a la educación, tal y como lo ordena el artículo 3 de la Constitución Federal. “Ninguna persona con discapacidad es igual a otra, por lo que atendiendo a cada caso concreto deben evaluarse cuáles son los ajustes razonables que deben implementarse para derribar las barreras físicas, comunicacionales o actitudinales que enfrentan las personas que viven con alguna diversidad funcional”.

Este caso, señaló el abogado y defensor de derechos humanos Carlos Luis Escoffié Duarte, quien también forma parte del equipo legal de Elvia, muestra una de las muchas formas en las que las personas de talla baja son discriminadas desde temprana edad y puede ser un gran precedente para muchas otras historias similares.

Al respecto, la Secretaria de Educación de Yucatán aseguró en un comunicado que, el viernes 27 de septiembre de 2019, recibió un amparo para asegurar un enfoque inclusivo en el servicio educativo que se brinda a una niña de talla baja, con dificultades de movilidad.

“En el momento en que la Dirección Jurídica de la Segey tuvo conocimiento de la situación, estableció contacto con la Dirección de Educación Primaria y de Educación Especial para dar respuesta y seguimiento al caso”, se lee en el documento.

Como primera medida se estableció garantizar que la menor tome sus clases en un salón ubicado en la planta baja, tal como lo venía haciendo en cursos anteriores. Del mismo modo, el martes 1 de octubre, personal de la Dirección Jurídica visitará el plantel en compañía del Área de Recursos Materiales para revisar y llevar a cabo las acciones para que las instalaciones del plantel se traduzcan en un contexto educativo incluyente.

También se llevará a cabo una capacitación al personal de la escuela en el tema de derechos de niñas y niños con discapacidad, así como un taller de acciones para la inclusión de las personas con discapacidad dirigido a docentes, padres y madres de familia, informó la Segey, ante la resolución de la jueza.

De respetarse la decisión de la juez, Elvia ya no tendrá que subir más escalones y podrá tomar clases en un salón seguro para su salud. Para eso la niña tuvo que iniciar una lucha legal en contra de las autoridades educativas de Yucatán que por más de un año la han discriminado por su condición física.

Antes de que el coronavirus provocara un segundo bloqueo severo en la ciudad australiana de Melbourne, Karen Lamb, una estadística de 35 años, iba al teatro, a las prácticas semanales de un coro, a clases de baile y pasaba mucho tiempo con sus amigos.

Pero los confinamientos en su ciudad interrumpieron el comportamiento social de Lamb. Su mundo se ha trasladado a internet y, a veces, Lamb puede sentirse sola.

Grandes cantidades de personas reportaron sentirse solas en la primera ola de cuarentenas por coronavirus a principios de 2020.

Según una investigación de la experta en soledad Michelle Lim, de la Universidad Tecnológica de Swinburne (Australia), uno de cada dos australianos dijo sentirse solo durante el primer encierro.

En Reino Unido y Estados Unidos, la proporción fue de dos de cada tres.

Ahora, unos investigadores en Australia examinan cómo estos períodos de aislamiento forzados están cambiando nuestras interacciones sociales.

Aunque la pandemia se está desarrollando de manera diferente según el país, en general compartimos una misma inquietud: si los bloqueos están cambiando la forma en que socializamos, ¿cuánto tiempo durará nuestra soledad?

Los resultados iniciales de una encuesta de seguimiento que enviaron a casi 2.000 australianos han mostrado que se están produciendo algunos cambios de comportamiento importantes relacionados con la pandemia.

La investigación es un proyecto conjunto entre dos académicos, la doctora Marlee Bower, investigadora de la soledad de la Universidad de Sídney, y el sociólogo Roger Patulny, de la Universidad de Wollongong, Australia.

Bower dice que en las respuestas abiertas a la encuesta, muchas personas indicaron que habían comenzado a reducir sus redes sociales.

“No socializan con tanta gente como antes, sino con un subgrupo muy particular”, dice. “Las personas que tienen conexiones previas y pueden aprovechar sus amistades existentes en línea, lo están haciendo bastante bien. En muchos casos, están más cerca de los amigos que tenían”.

Ese ha sido el caso de Lamb, que es escocesa, pero ha vivido en Melbourne durante ocho años.

Antes del encierro, hablaba con Amy, una de sus amigas más antiguas, unas cuatro o cinco veces al año.

Ahora conversan todos los jueves, a una hora determinada, y ambas se preguntan por qué no lo habían hecho antes.

Algunas de sus otras amistades, sin embargo, no han resistido tan bien.

“Me ha resultado más fácil mantenerme en contacto con mi amiga escocesa que con mis amigos australianos”, dice Lamb. “Simplemente no he tenido esa relación en línea con los australianos. Durante los últimos seis meses me he distanciado mucho más de mis amigos del día a día”.

“Cuando las interacciones sociales se trasladan a internet, sólo ciertos tipos de relaciones parecían sobrevivir”, explica Bower.

Una vez que se elimina el contexto local o comunitario, se mantienen o fortalecen las relaciones en las que las personas tenían algo en común además del trabajo o pasatiempos, y en las que todos se sienten cómodos con la tecnología digital.

Muchos querían compartir su estrés pandémico con aquellos con quienes se sentían más cercanos; viejos amigos de las ciudades de origen y amigos locales muy cercanos.

“Dado que la mayor parte de la interacción social se ha producido en línea, socializar con personas que viven localmente ha resultado tan fácil como socializar con personas que viven en el otro lado del mundo. Esto significaba que las personas han podido socializar y volver a conectarse con personas con las que eran más cercanas, independientemente de su ubicación”, dice.

La sociedad contemporánea a menudo se define por el movimiento de personas fuera de su lugar de origen, agrega Patulny.

“Estás más cerca de las personas que viven en el otro lado del planeta, porque son con las que creciste. No estás necesariamente cerca de aquellos con quienes compartes un vecindario. El covid-19 realmente está mostrando esto”, dice

Sin embargo, también extrañamos las interacciones con aquellas personas con las que no tenemos una amistad suficiente como para construir una relación en línea durante la pandemia.

Según Patulny y Bower, muchas personas dijeron que habían perdido estas microinteracciones con las personas de sus comunidades, que son casi imposibles de facilitar a través de la comunicación digital.

“La capacidad de simplemente parar, chismear, reír, bromear y todas las cosas que haces fuera de las reuniones, eso no sucede cuando estás reunido en línea”, dice Patulny. “El contacto periférico adicional se ha perdido, y esa es una pérdida importante”.

Existe el riesgo de que los vínculos sociales se deterioren sin estas pequeñas interacciones, dice, ya que ayudan a las personas a conectarse.

En cuanto a si podemos retomar estas amistades después de la pandemia, Bower señala evidencia reciente de Reino Unido que sugiere que las personas que se sentían solas antes probablemente se sentirían un poco más solas después, mientras que otras no experimentaron cambios a largo plazo.

Sin embargo, expresa cierta preocupación por que un período prolongado de soledad para algunas personas pudiera hacer que las interacciones pequeñas se sientan más desafiantes a largo plazo.

“Las personas que experimentan soledad durante períodos prolongados comienzan a experimentar impactos negativos persistentes en la forma en que piensan y actúan en situaciones sociales —son más hipervigilantes en cuanto al rechazo, más ansiosos socialmente— y esto puede dificultar estas interacciones simples y que sea menos probable que salga bien”, dice Bower.

La investigación de Bower y Patulny seguirá analizando a su grupo de estudio mientras Australia continúa su marcha para salir de las restricciones del covid-19.

Realizarán una encuesta a la misma muestra cada tres meses para determinar cómo está cambiando su comportamiento y por qué, y enviarán sus resultados a un grupo de expertos que está considerando los impactos de la pandemia en la salud mental.

Es demasiado pronto para cualquier estimación de los cambios sociales a largo plazo, si los hay, pero los investigadores sugieren que podría pasar un poco de tiempo antes de que las interacciones vuelvan a la normalidad.

“Me pregunto si el hecho de que no estés acostumbrado a socializar y que ahora exista un riesgo asociado con socializar, conducirá a impactos a largo plazo en la forma en que nos sentimos y en cómo podemos superar la soledad”, dice Bower.

Patuly dice que no le sorprendería un ligero aumento de la soledad durante algunos años.

Sin embargo, Michelle Lim, la experta en soledad, cree que para la mayoría de las personas, tanto la pérdida de microinteracciones como el estrechamiento de sus redes sociales son temporales, están directamente vinculados a la emergencia de salud pública y es poco probable que duren más que ella.

“Si será significativamente perjudicial para las relaciones dependerá de muchos factores: si el individuo es resistente, si tiene redes sociales sólidas, si se esfuerza por mantener sus amistades a pesar de estas barreras”, dice Lim.

Tampoco está claro, agrega, si los bloqueos más prolongados, ya sea por mandato del gobierno o debido a la necesidad de las personas de protegerse por condiciones de salud preexistentes, conducirán a resultados diferentes o más pronunciados.

Lim dice que es posible que, en el futuro inmediato, las interacciones cara a cara puedan cambiar si seguimos preocupados por la salud pública.

Pero también dice que es parte de la naturaleza humana volver a los grupos sociales. La mayoría de las personas que han infringido las normas de encierro lo han hecho para ver a amigos y familiares.

Después de que nos recuperemos del impacto de estos comportamientos alterados, cree que es probable que las cosas vuelvan a la normalidad anterior.

Los principales determinantes de la soledad son bastante estables, agrega.

Es poco probable que aquellos que no estaban solos antes del covid-19 se sientan muy solos a largo plazo una vez que todo haya terminado.

“Creo que durante un corto período de tiempo habrá cambios”, dice. “Pero somos criaturas de hábitos. A menos que estos comportamientos sean a muy, muy largo plazo, creo que volveremos a nuestros grupos sociales”.

* Esta nota es una traducción de un artículo original publicado en inglés en BBC Worklife y que puedes leer aquí.

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