El profeta Habacuc desarrolla su ministerio hacia finales del siglo VII a.C. Algunos especialistas ubican su predicación en el reinado de Josías (641-610 a.C.) y otros en el de Joaquín (610-599 a.C.).

No hay información confiable sobre su lugar de nacimiento y su vida. Le toca vivir en una época de transición. El imperio de Asiria deja paso al imperio de Babilonia. Israel y Judá contemplan el cambio de quienes los oprimen.

En Judá cada rey que pasa por el trono mantiene las injusticias y el pueblo las sufre. El monarca Joaquín las profundiza.

Dios para el pueblo parece no existir, porque de otra manera no permitiría que la historia esté llena de injusticias. Ante esta situación, el profeta no se conforma, sino que protesta, interpela, denuncia y se pregunta: ¿qué sentido tiene todo lo que pasa?

El libro se divide en dos partes: la primera (1,2 – 2,20) es un diálogo entre Dios y su profeta. Inicia con el lamento de Habacuc sobre la iniquidad de la tierra, y sobre la opresión del injusto sobre el justo. ¿Cuánto tiempo podrá el impío prosperar? Yahveh contesta que pronto ocurrirá un nuevo despliegue de su justicia. Entonces el profeta discute con Dios sobre las crueldades que permite existan.

La respuesta de Yahveh es en forma de un oráculo, que el profeta está obligado a escribir en una tablilla para que todos puedan leerlo, y que predice la última condena del caldeo invasor. Satisfecho con este mensaje, el profeta pronuncia una canción burlesca, compuesta de cinco “imprecaciones” que él pone con viveza dramática en los labios de las naciones que los caldeos han conquistado y desolado.

La segunda parte del libro (3, 1-19) es una oda lírica con las características de un salmo. Yahveh tiene como único propósito la salvación de su pueblo. La oda concluye con la declaración de que aunque las bendiciones de la naturaleza pueden fallar ese día el salmista se regocijará en Yahveh.

Hasta llegar a su versión canónica, el libro tuvo muchas alteraciones y sobre todo adiciones. A pesar de eso los especialistas consideran que el texto tiene calidad literaria y que el redactor original era un buen escritor.

El mensaje teológico es que Dios sigue actuando fielmente a pesar de que esto no se vea. Él nunca ha abandonado a Israel y ahora tampoco lo hará. El Señor es fiel con su pueblo y de él espera también su fidelidad. Dios es el sumo gobernante del universo y su palabra no puede fallar. Su gloria será reconocida por todas las naciones

Habacuc

Biblia de América

PPC Editorial

Madrid, 2013

@RubenAguilar

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