La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) rechazó que haya cometido actos de discriminación y de hostigamiento laboral contra su empleada Paloma Ruíz, sobreviviente de cáncer que labora en el área de comunicación social.

Paloma Ruiz denunció ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) que es objeto de discriminación laboral por parte de la CNDH, debido a que en noviembre de 2014, bajo la dirección del ombudsman Luis Raúl González Pérez, la Comisión no renovó su contrato luego de que previamente fuera diagnosticada de tres cánceres -mama, matriz y páncreas-, cortó toda comunicación con ella, y la excluyó sin previo aviso de la póliza del seguro médico de gastos mayores.

La queja por discriminación de Paloma Ruíz contra la CNDH fue aceptada en agosto pasado por el Conapred. Ahora, ambas partes esperan a ser citadas por el Consejo para tener una primera reunión donde expondrán sus argumentos sobre el caso y se analizará si pueden llegar a una conciliación.

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Cuestionado en entrevista acerca de por qué se dio de baja a Paloma Ruíz del seguro médico de gastos mayores de la CNDH, Rubén Pérez, coordinador general de Asuntos Jurídicos de la Comisión explicó que la empleada fue beneficiada en 2013 y 2014 con un seguro de gastos médicos mayores de manera improcedente.

“Encontramos una situación irregular con el seguro de gastos médicos porque Paloma estaba contratada en ese tiempo por honorarios, y por su tipo de contrato no era una prestación que le correspondiera”, expuso Pérez.

Añadió que por ese otorgamiento “inadecuado” del seguro médico a Paloma, un empleado de la CNDH enfrentó un proceso administrativo y fue sancionado por haber llevado a cabo mal ese trámite.

A pesar de esa situación, el coordinador de Asuntos Jurídicos expuso que la CNDH reinstaló a Paloma en 2015 en el área de comunicación social como jefa de departamento, para que tuviera derecho, por su cargo como jefa de departamento, al seguro de gastos médicos mayores de la Comisión. Mismo que, subrayó, Paloma disfrutó desde 2015 hasta el 18 de marzo de este año, cuando por disposición del Gobierno Federal se puso fin a esa prestación en toda la administración pública.

“Durante todo ese tiempo, Paloma no pagó ni un centavo del seguro de gastos médicos porque, como prestación, como empleada de la Comisión, fue la CNDH la que asumió los costos del seguro”, recalcó Pérez, quien añadió que, además del seguro privado, Paloma ha estado protegida desde 2015 por el seguro del ISSSTE como trabajadora del Estado.

El pasado lunes, Animal Político publicó un reportaje sobre cáncer y discriminación laboral, en el que Paloma Ruíz denunció que, además de haberla dejado sin seguro médico en 2014, por lo que tuvo que cortar temporalmente las quimioterapias y las radioterapias, la CNDH continúa ejerciendo un trato discriminatorio hacia ella tras ser reinstalada en comunicación social.

“No estoy ejerciendo mis funciones como jefa de departamento. Me pusieron en un rincón, junto a una fotocopiadora, a revisar el archivo basura. Nadie me habla y me evitan como si en lugar de cáncer tuviera una enfermedad contagiosa”, dijo Paloma, que acusó a la CNDH de querer desgastarla emocionalmente para que acabe renunciando a su cargo.

Además, Paloma señaló que pidió una serie de adecuaciones a su espacio de trabajo, como disponer de un cuarto durante 15 minutos al día, para quitarse la ropa y aplicare bolsas de hielo en los músculos del brazo donde le extirparon parte de la axila como consecuencia de la operación del cáncer de mama.

“¡Pero hasta eso me están dificultando!”, lamentó la empleada de la CNDH, que acusó a la Comisión de portarse de “manera inhumana” con ella.

Cuestionado al respecto, el coordinador de asuntos jurídicos de la Comisión dijo que si bien en un inició se “improvisó” un espacio laboral para ubicar a Paloma, éste “se ha venido mejorando para que las condiciones sean lo mejor posible”.

Y en cuanto a la solicitud que hizo Paloma para tener espacios adecuados para aplicarse bolsas de hielo, como parte de su tratamiento médico, Rubén Pérez también admitió que dicha solicitud “aún no se termina de responder”.

“El área administrativa correspondiente está haciendo los trámites necesarios para dar a Paloma lo que requiere”, señaló.

En cuanto a la queja por discriminación interpuesta ante el Conapred por Paloma, la CNDH dijo que está en su derecho de recurrir a esa instancia, y a otras como la justifica administrativa, donde la empleada de la Comisión recurrió al juicio de amparo, mismo que también fue aceptado el 17 de septiembre pasado por el Juzgado Segundo en Materia Administrativa de la Ciudad de México.

“Como parte de esa solicitud (del Conapred), ahora estamos en espera de que nos den una fecha de audiencia de conciliación con Paloma, en la cual nos vamos a sentar y vamos a ver cuáles son los puntos que se plantean y la forma en que podamos atenderlos”, expuso el coordinador de asuntos jurídicos de la CNDH.

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En entrevista con Animal Político, el Conapred explicó que cuando acepta a trámite una queja significa que, tras un primer análisis del caso, se presume que puede haber un acto de discriminación en contra de la persona demandante, y que hay alementos suficientes para abrir una investigación.

Una vez aceptada a trámite la queja, el Conapred recaba los argumentos de ambas partes, y en caso de que pueda haber un acuerdo, siempre y cuando no se trate de una violación grave de derechos humanos, se pasa a la audiencia de conciliación.

En esa audiencia se propone a la parte demanda una propuesta para reparar el daño del afectado y se firma un convenio en caso de que las dos partes estén de acuerdo. El convenio puede implicar medidas administrativas orientadas a garantizar que cese el acto de discriminación, y también puede incluir medidas materiales de compensación económica por los daños sufridos, y otras medidas no materiales como una disculpa pública o privada al afectado.

Esta audiencia de conciliación puede llevarse a cabo hasta en tres reuniones formales.

En caso de no llegarse a un acuerdo, entonces se pasa a otra fase de investigación, donde el Conapred pide a ambas partes el desahogo de pruebas, incluyendo a posibles testimonios y dictámenes.

Luego se pasa a la fase final de alegatos y por último se llega a la determinación final, en la que, o bien se acredite el acto de discriminación, con las sanciones correspondientes para quien la cometió, o bien se emite un acuerdo de conclusión por no discriminación, exonerando a la parte acusada.

En cualquier caso, tanto si se determina que hubo discriminación, como si no, las partes todavía pueden interponer un recurso de inconformidad dentro del propio Conapred, recurrir a un juicio de nulidad ante un tribunal administrativo, o a la vía del amparo.

Hasta 1982, las lejanas y paradisíacas islas de Palaos no contaban con ningún hotel.

Ese año se inauguró el primer alojamiento turístico y desde entonces, este país, rodeada por las aguas celestes del océano Pacífico, ha disfrutado del auge del turismo.

En 2019 llegaron a Palaos 90.000 turistas, cinco veces la población total.

Según los datos recogidos por el FMI (Fondo Monetario Internacional), en 2017 el turismo representó el 40% del PIB del país.

Pero eso fue antes de la pandemia de covid-19.

Las fronteras de Palaos han permanecido cerradas desde finales de marzo y es uno de los diez países del mundo sin casos confirmados (contando sólo los países miembros plenos de Naciones Unidas y excluyendo a Corea del Norte y Turkmenistán).

Sin embargo, aunque no se ha registrado ni un solo caso, el virus de alguna manera sí ha devastado el país.

Los hoteles están cerrados, los restaurantes vacíos y las tiendas de souvenirs no venden nada.

Los únicos huéspedes que tienen ahora los hoteles son los residentes que regresan a la isla y están obligados a guardar cuarentena.

“El océano aquí es mucho más bonito que en cualquier otro lugar del mundo”, dice Brian Lee, gerente y copropietario del Hotel Palau.

Es el océano azul celeste lo que mantuvo ocupado a Brian.

Antes de la pandemia, sus 54 habitaciones tenían una ocupación del 70% al 80%.

Pero cuando las fronteras se cerraron, no hubo nada a lo que recurrir.

“Es un país pequeño, así que es normal que la gente local no se quede en Palaos”, dice Brian.

El hotel tiene alrededor de 20 empleados y los ha mantenido a todos, aunque con horario reducido.

“Trato de encontrarles trabajo haciendo otras tareas como mantenimiento, renovación, etc”, dice.

Sin embargo, los hoteles vacíos no pueden mantenerse ni renovarse para siempre.

“Puedo estar así otro medio año”, dice Brian.

“Pero luego es probable que tenga que cerrar”.

Brian no culpa al gobierno, que ha ofrecido apoyo financiero a los residentes y, después de todo, ha mantenido alejado al virus.

“Creo que han hecho un buen trabajo”, dice.

Y, sin embargo, para que el primer hotel que hubo en Palaos sobreviva, algo tiene que cambiar pronto.

El presidente anunció recientemente que los viajes aéreos “esenciales” podrían reanudarse el 1 de septiembre.

Mientras tanto, ha habido rumores de que se instauraría un “corredor aéreo” con Taiwán que permitiría la visita de turistas.

Pero para Brian, la medida podría llegar demasiado tarde.

“Creo que tienen que empezar a reabrir de nuevo. Tal vez podamos tener burbujas de viajes con Nueva Zelanda y países del entorno”, dice.

“De lo contrario, nadie podrá sobrevivir aquí”.

A unos 4.000 km al este a través del vasto Océano Pacífico, las Islas Marshall también permanecen libres de covid-19.

Pero, como Palaos, no tener casos también ha tenido un impacto.

El Hotel Robert Reimers se encuentra en una franja de tierra en el atolón principal, Majuro, con una laguna a un lado y el océano al otro.

Antes de la pandemia, las 37 habitaciones tenían una ocupación del 75% al 88%.

Sus huéspedes llegaban principalmente de Asia, del Pacífico o “el continente” (Estados Unidos).

Desde que se cerraron las fronteras a principios de marzo, la ocupación ha caído a entre el 3% y el 5%.

“Algunos de nuestros huéspedes vienen de las islas exteriores”, dice Sophia Fowler, que trabaja para el grupo hotelero.

“Pero no muchos”.

A nivel nacional, se espera que el país pierda más de 700 puestos de trabajo en la recesión post-covid, la mayor caída desde 1997.

De ellos, 258 estarán en el sector de hoteles y restaurantes.

Pero el autoaislamiento afecta a sectores más allá del turismo, y las Islas Marshall dependen mucho menos de los turistas que Palaos.

El problema para estas islas es la industria pesquera.

Para mantener el país libre de covid-19, los barcos que han estado en países infectados tienen prohibido ingresar a sus puertos.

Otros barcos, incluidos los buques tanque de combustible y los portacontenedores, deben pasar 14 días en el mar antes de atracar.

.Las licencias de pesca están suspendidas y se ha rebajado el número de vuelos de carga.

El efecto es claro.

Las Islas Marshall están especializadas en peces de acuario, el más popular es el pez ángel llama, pero las exportaciones cayeron un 50%, según un informe estadounidense.

El envío de atún sashimi se redujo en la misma cantidad.

Otras industrias pesqueras esperan una caída del 30% durante el año.

En resumen, se puede mantener el virus fuera del país, pero luchar contra sus efectos en la economía es distinto.

Así que al final el covid-19 te arrastra de una forma u otra.

Sophia Fowler “espera” que las cosas vuelvan a la normalidad para el país y el Hotel Robert Reimers el próximo año.

¿Pero si no lo hacen?

“Entonces no será un proyecto viable”, dice.

Pero aunque el cierre de las fronteras ha empobrecido a los países sin casos de covid, no todos quieren salir del confinamiento.

El doctor Len Tarivonda es el director de salud pública en Vanuatu, otra isla del Pacífico con una población de 300.000 habitantes.

Aunque trabaja en la capital, Port Vila, es de Ambae, una isla de 10.000 habitantes a unos 275 kilómetros al norte.

“La mayoría de los habitantes prefiere que la frontera se mantenga cerrada el mayor tiempo posible”, cuenta.

“Dicen: ‘No queremos que la enfermedad llegue. Si sucede, básicamente estamos condenados’”.

Alrededor del 80% de la población de Vanuatu vive fuera de las ciudades y de la “economía formal”, dice Tarivonda.

“Y creo que no necesariamente sienten el apuro todavía. Son agricultores de subsistencia, cultivan sus propios alimentos, dependen de la economía local y tradicional”.

No obstante, el país sufrirá.

El Banco Asiático de Desarrollo espera que el PIB caiga casi un 10%, la mayor caída de Vanuatu desde su independencia en 1980.

Pero ese retroceso no se debe solo al cierre de fronteras por el covid-19.

En abril, el ciclón tropical Harold azotó gran parte del país, mató a tres personas y afectó a más de la mitad de la población.

“Teníamos sesiones informativas diarias sobre operaciones de emergencia sanitaria”, recuerda Tarivonda.

“Primero discutiríamos sobre el covid, luego sobre el ciclón Harold. Dos desastres al mismo tiempo”.

Sin embargo, la pandemia tendrá un impacto más duradero.

En julio, el gobierno anunció que tenía planes para reabrir la frontera a otros países “seguros” antes del 1 de septiembre.

Pero al aumentar los casos en Australia y Nueva Zelanda, el plan comenzó a retrasarse.

Tarivonda, que forma parte del grupo de trabajo fronterizo junto con funcionarios del gobierno, del sector del turismo y de las aerolíneas, admite que están “casi de vuelta al punto de partida” y no tienen una nueva fecha para la reapertura.

Los viajes transfronterizos más pequeños pueden ayudar a Vanuatu.

El ejemplo más reciente es cuando el gobierno permitió que 172 trabajadores viajaran al Territorio del Norte, en Australia, durante seis meses para recoger mangos.

Aunque las remesas ayuden en la situación económica, no son suficientes en un país donde el 35% del PIB proviene del turismo.

Pero, a pesar de esa necesidad de reabrir las fronteras, Vanuatu no se apresurará en hacerlo.

El doctor Tarivonda recuerda con preocupación el caso de Papua Nueva Guinea, que estuvo casi libre de covid hasta un fuerte aumento a fines de julio.

“Si el virus entra en el país, probablemente será como un incendio forestal, y lo que estamos viendo en Papúa Nueva Guinea refleja por qué estamos preocupados”, dice.

“Dadas nuestras limitaciones y el contexto que tenemos en el Pacífico, la mejor opción es mantener el virus fuera de nuestro país el mayor tiempo posible”.

A medida que pasan los meses, aumenta la desesperación en los países cerrados del Pacífico.

Sin embargo, Jonathan Pryke, director del Programa de las Islas del Pacífico en el Instituto Lowry, no tiene ninguna duda de que la única opción para estos países es el autoaislamiento.

“Incluso si mantuvieran sus fronteras abiertas, sus principales mercados turísticos de Australia y Nueva Zelanda no estarían abiertos, ya que han cerrado sus propias fronteras”, dice.

“Así que solo habríamos conseguido lo peor de ambos mundos: una crisis de salud y una crisis económica. Tendremos años y años para ver cuáles fueron las decisiones correctas”.

“Pero echando la vista atrás, nadie duda de que cerrar fue la medida correcta para estos países del Pacífico”, concluye Pryke.

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