El más reciente episodio del debate sobre racismo en México fue protagonizado por el cineasta Michel Franco. Durante la presentación de su última producción, Franco declaró que “alguien que acusa de racismo (…) creando esos términos (whitexican), está siendo profundamente racista”. Twitter no tardó en estallar en su contra.

Que quede claro: esta no es una defensa a Michel Franco, ni una apología al racismo. El racismo “inverso” no existe, punto. Y no existe porque el racismo es una injusticia estructural, un sistema que, por siglos, ha repartido oportunidades y recursos de manera desigual, perjudicando a unos y beneficiando a otros. En México, este sistema es un legado colonial que unos cuantos apodos o memes no pueden revertir.

Sin embargo, creo que las declaraciones de Franco (tan equivocadas e imprecisas) representan el sentimiento de muchos mexicanos blanco mestizos. Personas que se sienten injustamente atacadas y moralmente despreciadas por razones desconocidas. Habrá quien diga que esta respuesta no es más que “fragilidad blanca”, que es la élite reaccionando ante la pérdida de sus privilegios. No dudo que una élite exista, ni que ésta vaya a resistirse a cualquier tipo de redistribución. Pero tampoco pienso que este sea el caso de todos quienes se sienten agredidos por el antirracismo en México.

Hace poco tuve una conversación con una amiga, de tez blanca, que conocí cuando ambos éramos estudiantes en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Su empleo en una organización feminista implicaba visitar y recorrer varias zonas de la Ciudad de México. Me contaba que algunas veces se sintió observada y vulnerable: no solamente por ser mujer, sino por ser “blanca”. Desde su perspectiva, el color de su piel la hacía particularmente vulnerable a cierto tipo de crímenes, pues la gente asume que pertenece a cierta clase social. Quizá el razonamiento te resulte conocido.

Ahora bien, es posible (o hasta probable) que este “miedo” esté más fundamentado en estereotipos o en paranoia que realidad, pero eso es irrelevante. Imaginada o no, hay una “vulnerabilidad”, una “desventaja” que algunas personas de tez blanca experimentan en nuestro país, a raíz de la estructura racista que correlaciona color de piel y nivel de ingreso. Por supuesto, esta experiencia por nada es comparable al nivel de discriminación, desigualdad e injusticia que algunos grupos racializados sufren en nuestro país. No obstante, es una experiencia que existe, y no tiene ningún caso negarla.

Esto implica que el privilegio de la “blancura” es contextual. Mónica Moreno, socióloga, afirma que los beneficios/desventajas de ser “blanco” no son fijos, sino que varían de acuerdo a las circunstancias dependiendo de dónde, cuándo y con quién estés (Moreno Figueroa, 2010, p. 398). Aún más, el privilegio no es sólo contextual sino interseccional. La “raza” es apenas uno de varios ejes de opresión como la religión, la discapacidad o el género. Cada individuo se sitúa en diferente posición en cada uno de estos ejes, y es la “combinación total” de los mismos lo que determina el estatus de la persona; por lo que es técnicamente posible, por ejemplo, que un mexicano de tez blanca, de clase baja, con alguna discapacidad física sea menos privilegiado que uno de tez morena.

La distinción es clave porque estos casos pueden no ser comunes, pero sí son importantes. Implican que no todo (ni todo el tiempo) el ser blanco mestizo es un privilegio. Esto abre una ventana que puede llegar a solucionar la sensación de asfixia de algunos mexicanos que, aunque no son privilegiados en otros ejes, sienten que su color de piel los condena a cierto estigma social.

¿Hay alguna forma de escapar de tal dilema? Este fenómeno no es nuevo, y el antirracismo en México podría aprender de movimientos y luchas similares en otros contextos. Consideremos el movimiento feminista en los Estados Unidos y la discusión en torno al papel del hombre en el mismo. Algunas mujeres, como Ti-Grace Atkinson (1974, p. 47) literalmente declararon la guerra al hombre. De manera similar, Marilyn Frye comparó a los hombres con parásitos (Frye, 1983a) y declaró que excluir a los hombres era la única vía de liberación para la mujer (Frye, 1983b, p. 104). Feministas como ellas identificaron certeramente las injustas desigualdades entre hombres y mujeres pero, al agrupar a todos los hombres en el mismo conjunto, quizá perdieron de vista que algunos hombres eran también oprimidos por el sistema de género.

Fue bell hooks, en su aclamado Hombres como compañeros de lucha, quien argumentó que el sexismo no beneficiaba a todos los hombres por igual, y que afirmar que todos los hombres eran misóginos simplemente reforzaba la ideología sexista (hooks, 1984, pp. 67–68). hooks tomaba en cuenta otros ejes de opresión para afirmar que podía existir solidaridad política entre hombres y mujeres; para ella, el problema era el patriarcado, no los hombres (hooks, 2000, p. 67). Por lo que es importante darle a los hombres maneras alternativas de “ser hombres”, y abrirles espacio para unirse a la lucha contra el sistema de género (hooks, 1984, p. 67).

Valdría la pena analizar si alguna de estas ideas aplica al debate sobre racismo en México, y si el movimiento antirracista está ofreciendo maneras alternativas de “ser blanco”, si se está catalogando a todo blanco mestizo como el enemigo (rastreando simplemente su color de piel), o si se toman en cuenta otras categorías para considerar la posibilidad de incluirlo como un compañero de lucha. Quizá hacer lo segundo genere menos resistencia. Tal vez no todos los blanco mestizos son whitexicans. Posiblemente hay mexicanos de tez blanca dispuestos a sumarse al movimiento sin buscar protagonismo, a hacer lo posible para renunciar a sus privilegios en este eje, y a deconstruir su blanquitud. No veo necesidad de hacer enemigos, donde podría haber aliados.

* René Rejón (@RRejonP) es Politólogo por la UNAM y filósofo por accidente. Cuando tiene oportunidad da clases, y cuando tiene necesidad trabaja para organizaciones de la sociedad civil. Su tesis doctoral investiga las responsabilidades morales de los beneficiarios de la injusticia estructural en sociedades post-coloniales.

 

 

Bibliografía

Atkinson, T.-G. (1974). Amazon Odyssey. New York: Links Books.

Frye, M. (1983a). Some reflections on separatism and power. In The politics of reality (pp. 95–109). New York: The Crossing Press.

Frye, M. (1983b). The Politics of Reality: Essays in feminist theory. Berkeley: Crossing Press.

Hooks, B. (1984). From Margin To Center Bell Hooks. Boston: South End Press.

Hooks, B. (2000). Feminism is for everybody. Cambridge, Massachussetts: South End Press.

Moreno Figueroa, M. (2010). Distributed intensities: Whiteness, mestizaje and the logics of Mexican racism. Ethnicities, 10(3), 387–401.

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