Por Jorge González/

Xalapa, Ver. A los 77 años de edad, murió en la ciudad de México una de las mentes más brillantes del país, el ingeniero químico y abogado Mario Molina Pasquel y Henríquez.

Sin él, hoy, los niveles de contaminación en la CDMX no hubiesen disminuido y controlado. Es calificado como un pionero y uno de los principales investigadores a nivel mundial de la química atmosférica.

Nació en la Ciudad de México en 1943. Su madre fue Leonor Henríquez y su padre, Roberto Molina Pasquel, fue abogado; tenía un despacho particular y también era maestro en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En sus últimos años representó a México como embajador en Etiopía, Australia y Filipinas. En una autobiografía publicada por la UNAM, Molina afirmó: “Antes de entrar a la secundaria ya me fascinaba la ciencia.

Estudió ingeniería química en la UNAM. Realizó estudios de posgrado en la Universidad de Friburgo, Alemania y recibió un doctorado en Fisicoquímica de la Universidad de California, Berkeley, en Estados Unidos.

Fue coautor, junto con F.S. Rowland en 1974, del artículo original que predecía el adelgazamiento de la capa de ozono como consecuencia de la emisión de ciertos gases industriales, los clorofluorocarburos (CFCs), que les mereció el Premio Nobel de Química. QED.

Muy pocos saben que la calle Mario Molina de la ciudad de Veracruz, lleva su nombre gracias a su abuelo paterno Mario Molina Contreras (1872-1912), distinguido jurisconsulto, y quien además se desempeñó como alcalde de la Ciudad de Veracruz en el periodo de 1903 a 1909.

 

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