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Aceptémoslo: ¡Pemex es insalvable!

18 de Marzo de 2019

Otra aclaración obligada, aunque hacerlo sé que será inútil: El petróleo que Pemex refina no le pertenece, es propiedad de toda la nación mexicana. En consecuencia, entendamos por favor, lo primero que debió haber hecho Pemex desde su fundación —unos cuantos meses después del día de la expropiación de los activos de las empresas petroleras—, era pagar por él.

Con esas dos aclaraciones —Cárdenas no expropió el petróleo, y éste no pertenece a Pemex sino a todos los mexicanos—, entremos al tema que debería ocuparnos: ¡Aceptemos la cruda y ofensiva realidad de lo que es hoy Pemex, y decidámonos enfrentarla ya!

El desastre que es Pemex en los tiempos actuales es resultado, aunque duela decirlo, de la irresponsabilidad fiscal y propensión a la corrupción que priva en la sociedad mexicana, casi sin distingo alguno entre los que la conformamos.

¿Acaso ya olvidamos aquellas decisiones cuando, en vez de poner orden en el desastre fiscal que éramos y lo somos todavía, la sabia decisión era aumentar el precio de las gasolinas y el diésel? ¿Acaso no nos hemos dado cuenta de que nuestra renuencia a pagar impuestos, la cual era y es compensada —mal y parcialmente—, otra vez con el manejo arbitrario de los precios de lo que producía Pemex?

Dicho de otra manera, el desastre insalvable en el que se encuentra Pemex es, no hay que eludir nuestra responsabilidad, único resultado lógico de la forma de ser de nosotros los mexicanos que se expresa —otra vez hay que decirlo, aunque duela— en nuestra complacencia con decisiones que eluden los problemas y, más aún, con decisiones que pretenden eludir y posponer, una y otra vez, la solución de aquéllos.

Pemex sintetiza y representa genial e increíblemente bien, no únicamente lo que somos como país, sino cómo somos los mexicanos: irresponsables fiscales, y apoyadores silenciosos y cobardes de toda medida que nos evite pagar lo que deberíamos en materia de impuestos, derechos y aprovechamientos.

La corrupción imperante en Pemex no es privativa de ese batidillo, que ni es empresa productiva ni tampoco, empresa en el sentido clásico; la corrupción es el mal que campea sin freno alguno en el territorio nacional, y es utilizada prácticamente por la totalidad de la población al margen de su nivel educativo y cultural, y posición económica y social.

La ineficiencia productiva de Pemex y su dispendio ofensivo de recursos, es el común denominador de nuestra economía; las honrosísimas excepciones son aquellas empresas que por formar parte de cadenas de valor de mercados externos, no se pueden dar el lujo de la ineficiencia en el uso de los recursos de toda índole que forman parte de sus procesos.

El exceso de personal en Pemex y su onerosísimo Contrato Colectivo de Trabajo, junto con el insostenible sistema de pensiones y jubilaciones, abundan más de lo que reconocemos. Es más, ¿acaso la corrupción de sus líderes sindicales y de la estructura de su sindicato, es también privativa de Pemex?

Podría seguir indefinidamente dando razones del porqué Pemex es insalvable, pero lo reconozco, sería inútil. Sin embargo, sí debo repetir lo siguiente: La única salida que nos queda frente Pemex, no es otra que su liquidación y comenzar de cero.

Una empresa que se dedique a lo verdaderamente rentable: explorar, perforar, extraer y comercializar crudo. Conformarla con un nuevo Contrato Colectivo y un sistema de pensiones y jubilaciones sensato y sostenible; con una plantilla laboral liviana y eficiente, y una administración profesional y libre de toda influencia política.

¿Habría que liquidar al personal actual, y recontratar a los verdaderamente sean necesarios que cumplan con estrictos requisitos que demuestren capacidad y experiencia? ¿Dolería esta decisión? Sin duda; pero el dolor y precio a pagar sería menor a lo que dolería y pagaríamos de seguir como vamos.

No les busque glándulas mamarias a los ofidios, no son mamíferos.