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‘Hellboy’, un demonio humano carente de alma

Es complicado abordar la nueva versión de Hellboy (2019) sin hablar de Guillermo del Toro o, al menos, colocarla como referencia. Las dos entregas firmadas por el cineasta tapatío, Hellboy (2004) y Hellboy II: el ejército dorado (Hellboy II: The Golden Army, 2008), se mantienen –junto con su Blade II (2002)– como algunos de los mejores especímenes de las adaptaciones de historietas al cine. Aun y con sus imperfecciones, son películas con alma y propósito, además de estar ensambladas con amor por del Toro.

El Hellboy del actor Ron Perlman es un personaje que abraza y vive por completo su contradicción: es un demonio condenado a iniciar el apocalipsis, ése es su destino, al tiempo vive eliminando amenazas sobrenaturales para salvar a la humanidad, ésa que lo rechaza y necesita por partes iguales. Lo diabólico y lo humano luchan chocan constantemente por encontrar un lugar en el mundo. Este punto se robustecía gracias a la presencia de otros seres extraños a su alrededor, como su amor imposible Liz (Selma Blair) o su amigo anfibio Abe (Doug Jones), que terminaban por ser, en realidad, las personas más normales dentro de ese universo lleno de criaturas y entes sobrenaturales.

No eran películas perfectas, pero su sazón final parecía estar lejano de las monótonas líneas de ensamblaje que arrojan chispeantes productos hollywoodenses a lo largo del año… como la versión más reciente.

Foto: Mark Rogers/@HellboyLaPelicula/CT Films.

El efectivo Neil Marshall (El descenso, episodios de Game of Thrones y Westworld) se encuentra en esta ocasión en la silla del director y el cambio de tono e intenciones es notorio. La historia nos remonta a las “edades oscuras”, cuando el Rey Arturo combatió a una temible hechicera, Nimue (Milla Jovovich), y logró vencerla esparciendo sus inmortales restos por toda Inglaterra para evitar así el fin de la humanidad. Cientos de años después, Hellboy (David Harbour), un borrachales y áspero investigador paranormal, descubre un plan para revivir a la malvada “Reina de la sangre” y debe encontrar la manera de acabar con ella antes de que ésta abra las puertas del infierno en la tierra.

Las apuestas de este Hellboy parecen haberse tomado pensando en la adaptación de Guillermo del Toro, ni los guionistas podían evadir esa referencia y buscar nuevos caminos para abordar el material. En un par de secuencias cargadas de sangre y acción, es posible admirar a aquel Neil Marshall que llamó la atención del público con las entretenidas persecuciones de El descenso (The Descent, 2005), donde un grupo de exploradoras quedaban atrapadas en una cueva a merced de los violentos habitantes del lugar. Sin embargo, el resultado final recuerda más a cintas como Jack el cazagigantes (Jack the Giant Slayer, 2013), Hansel y Gretel: cazadores de brujas (Hansel & Gretel: Witch Hunters, 2013) o Van Helsing (2004). Tres cintas cargadas de fantasía, acción y poco sentido de la intención.

El guion de Andrew Cosby retoma la dualidad del protagonista (demonio/humano) como uno de los temas principales de la película, aunque se explore con superficialidad –¿por qué Hellboy querría salvar a estos humanos? – y se amplié con la intención de crear una fábula sobre la aceptación y ¿la migración? Después de todo, son las criaturas no humanas las que buscan un espacio de convivencia en nuestra sociedad… aunque, de nuevo, el punto se presenta sin desarrollarse del todo, la cinta no muestra porque ese lugar debería de dárseles. Hellboy y sus compañeros (una médium y un hombre jaguar, cuya aparición incluye un lindo homenaje al primer Depredador) parecen ser los únicos que no tienen en mente liberarse del prejuicio humano para desatar el caos.

Esta no es un alma que lleva el diablo, es un diablo sin alma.

 

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