España expulsa solo a una décima parte de los 11.000 marroquíes llegados este año A pesar de los esfuerzos del Ejecutivo para reforzar la colaboración de Marruecos en materia migratoria, es la cifra más baja de los últimos cuatro años
diciembre 16, 2018
Las mujeres de Uganda hallan una respuesta a la gentrificación La creciente expansión urbana está expulsando a miles de personas de sus casas en Kampala, la capital del país. Ellas han creado cooperativas de viviendas para hacer frente a los desahucios
diciembre 16, 2018

África o el ser más que el tener Felwine Sarr propone en ‘Afrotopía’ una “utopía activa” de palabra y acción, de la que emanará un continente que vuelva a ser el pulmón espiritual del mundo

Los discursos en relación a África han oscilado entre la desesperación (afro-pesimismo) y la euforia (afro-optimismo). Construcciones de pensamiento que el imaginario occidental ha ido levantado siempre al margen de los principales interesados. Así, la propensión de los otros a proyectar sus sueños y fantasías en el continente africano han marcado a fuego imágenes, clichés y estereotipos que han arraigado hasta polarizarse y convertir este espacio en el depositario de los mayores fracasos y derivas o dibujarlo, por el contrario, como el cráter de una emergencia económica y un progreso imparable.

Ante ello Felwine Sarr, economista, músico, escritor y profesor de la Universidad Gaston Berger de Saint-Louis en Senegal, en su obra Afrotopia (Los libros de la Catarata), recién traducida a castellano, retoma la necesidad de “observar el continente tal cual es y no tal y como debería ser”, como se lee en la publicación, para emprender una “reflexión crítica sobre sí mismo, sobre sus propias realidades y sobre su situación en el mundo: pensarse, representarse, proyectarse…”

A contracorriente. Se trata de pensar esa África en movimiento pasando por encima de los conceptos y términos que se han usado para describir y baremar al continente (desarrollo, PIB, Objetivos de Desarrollo del Milenio…) los cuales han fracasado al aplicarse a las sociedades africanas, ya que a la postre han negado “la creatividad propia de estas sociedades y su capacidad para producir las metáforas de sus futuros posibles”. Estos pueden mostrar las “condiciones de la vida” pero “no dicen nada sobre la vida misma”.

El desarrollo, en concreto, tal y como mantiene el filósofo se ha convertido en uno de los más poderosos mitemas actuales. Así, las sociedades occidentales son el referente que descalifica “cualquier otra trayectoria y forma de organización social”. De ahí la importancia de elaborar un proyecto en muchos países africanos que emane de su propio ser y visión del mundo, alejando modelos sociales que no son adecuados para ellos y que carecen de sentido para quienes los habitan. Deshacerse, en definitiva, del modelo que impera a nivel global: en el que prima la cantidad sobre la calidad, el tener sobre el ser.

Pero, sobre todo, Sarr alude al déficit de pensamiento y de producción de sus propias metáforas futuras que sufre el continente africano, incidiendo en la necesidad de articular un pensamiento sobre el presente y el devenir de África.

Lo anterior enlaza con lo que los intelectuales africanos y de la diáspora han mostrado en múltiples ocasiones: la necesidad de descolonizar el pensamiento y crear una comunidad intelectual que pensara y reflexionara primero sobre África desde dentro y después sobre el mundo contemporáneo y sus transformaciones. Una de las expresiones más actuales y exitosas de esta necesidad ha sido la aparición de Les Ateliers de la Pensée (Los talleres del pensamiento) que enfatiza en el liderazgo de los intelectuales. Algo sobre lo que ya Donato Ndongo, en la introducción a Síntesis sistemática de la Filosofía Africana (Ediciones Carena, 2002) de Eugenio Nkogo llamaba la atención, al afirmar “que una de las causas del empobrecimiento económico y social de África es la previa depauperación de las mentes africanas, a las que se ha condenado exclusivamente a tratar de sobrevivir. Sin sus filósofos y pensadores, sin sus intelectuales, sin sus mantenedores y transformadores de sus culturas primigenias, África se debate hoy en la agonía, cuando en realidad no es sino el continente de la vida y de la esperanza”.

Son muchos los filósofos, escritores y pensadores que se nombran en este libro junto con sus aportaciones. Además de Achille Mbembe con el que tiene una gran afinidad de pensamiento, aparecen entre otros V. Mundibé y su Biblioteca colonial (conjunto de textos escritos sobre el continente por exploradores, antropólogos, etnólogos europeos, quienes contribuyeron fuertemente a construir una visión y unos imaginarios asociados a África), F. Fanon exigiendo no ser un pálido reflejo de Europa (“si queremos que la humanidad de un paso más allá, si queremos elevarla a un nivel diferente de aquel a donde la ha llevado Europa, entonces hay que inventar, entonces hay que descubrir”), pasando por los escritores Ngugi wa Thiong´o o Wole Soyinka hasta los más jóvenes pensadores contemporáneos como Nadia Yala Kisukidi

Por su parte, Felwine Sarr consciente de que “pensar África es caminar bajo un amanecer incierto” transmite su intención de que su discurso no se quede en palabras, para lo cual a lo largo del libro ha puesto ejemplos y aspectos muy concretos en los que comenzar a incidir para llegar a una auténtica “revolución cultural” y, además, acuña dos nuevos términos. Estos son, Afrotopos “ese lugar todavía no habitado por esa África que viene” y Afrotopía “una utopía activa que pretende sacar a la luz los vastos espacios posibles de las realidades africanas y fecundarlos”.

A través de las páginas de este libro, el pensador invita a África (habla en general a pesar de ser consciente de su diversidad al entender que “las naciones africanas comparten el proyecto de una África que debe volver a ser su potencia propia y su luz propia”) a salirse de esa carrera sin sentido, predadora y demoledora en la que el mundo se ha embarcado en una vorágine voraz de consumo y destrucción medioambiental porque “no se trata de alcanzar a nadie, sino de dar lo mejor de uno mismo”. Poniendo al ser humano en el centro, eligiendo su modelo económico y su política, repensando el progreso e innovando sus modelos de decisión. Para replantearse, finalmente, el papel de su cultura, con una crítica radical a todos aquellos elementos que la merman pero rehabilitando a la vez el profundo humanismo que subyace en ellas.

Puedes seguir ÁFRICA NO ES UN PAÍS en Twitter y Facebook.